| El
desarrollo de la olivicultura
ha sido lento y ha seguido
de manera paralela el desarrollo
de la población,
en particular en la zona
cordillerana sobre los actuales
territorios de las provincias
de La Rioja, Catamarca,
Salta, Mendoza y San Juan.
A fines del siglo XIX,
con el arribo masivo de
los inmigrantes de origen
latino sobre el territorio
nacional, aumentó
considerablemente la demanda
de los productos derivados
del olivo, esencialmente
el aceite de oliva y las
aceitunas de mesa conservadas
en salmuera. La falta
de respuesta a interna
a esta fuerte demanda
condujo a la Argentina
a importar productos de
origen europeo, en particular
desde España e
Italia.
La guerra civil española
(1936/1939) tuvo numerosas
repercusiones sobre el
comercio internacional
y, para paliar las dificultades
de aprovisionamiento y
ante el agravamiento de
la situación, el
gobierno argentino lanzó
un programa de promoción
del sector oleícola
a través de la
ley 11.643 del 29 de septiembre
de 1932.
Con esta ley, las provincias
en las que las precipitaciones
fueran inferiores a 400
mm por año y que
presentaran posibilidades
de irrigación fueron
favorecidas y reconvertidas
al sector oleícola,
incluso sectores vinícolas
que se encontraban en
franca crisis productiva.
Hacia 1965 la Argentina
contaba con casi cinco
millones de plantas de
olivo distribuidas en
distintas provincias caracterizadas
por diferencias agrarias
y climáticas singulares,
entre ellas las zonas
cordilleranas como Mendoza,
San Juan, San Luis, Catamarca,
La Rioja y otras como
Buenos Aires, Córdoba
y Entre Ríos.
La Superficie cultivada
en la actualidad es de
alrededor de 79.000 ha,
estimado de un promedio
de 350 plantas por ha.
De acuerdo con el régimen
de plantaciones aplicado
en la Argentina, el total
de plantas de olivo en
el país sería
aproximadamente 27.650.000
unidades.
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